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Actividades » Médicos

Adiós al amigo: Enrique Roncoroni

Médicos de Rosario: Unas palabras para despedir a un amigo. Por Dr. Roberto I. Tozzini

por Dr. Roberto I. Tozzini

Mi amistad con Enrique se remonta al inicio de la carrera de medicina. Él provenía del Nacional N° 2 junto a Tejerina y nosotros (con Ameriso Bosch y Molino) del Nacional N° 1, es decir, de los mejores colegios secundarios de ese entonces, que por cierto, no eran los institutos privados.Juntos asistimos a las distintas asignaturas y rendimos con mucho éxito los correspondientes exámenes, para a los 6 años y ya con 23, despedirnos de esta etapa primera en el estudio de la medicina, que tiene comienzo, pero no fin.

Enrique ganó una beca en Rotary para realizar estudios de post grado en USA, viajando a Yale para especializarse en bioestadística. Si bien, a posterioridad, su ejercicio profesional se circunscribió a la ginecología, ese año aprendiendo la magia de los números, las probabilidades y los sesgos, le dio un plus en la interpretación y elaboración del conocimiento médico, que lo acompañó toda su carrera. Incluso muy joven, fue titular de una cátedra en bioquímica, donde enseñaba esta disciplina.

La práctica ginecológica, como era habitual en aquellos tiempos, transcurría de mañana en el ámbito hospitalario y a la tarde, en la práctica privada. Al comienzo, su hospital, fue el Marcelino Freyre y a su cierre para convertirse en PAMI, se incorporó a la cátedra de Ginecología del Centenario que en ese tiempo yo dirigía. Juntos a Bocanera y Capitaine Funes, de igual procedencia, se convirtieron en grandes colaboradores, sumándose a la amistad que el tiempo supo añejar.  Al mediodía y a la tarde, Enrique se atiborraba de trabajo en sus dominios del Sanatorio Parque. Felizmente casado con  Graciela Ibarra, encabezó una magnífica familia en la cual dos de sus hijos continúan su tradición médica y su ejemplo personal. En su momento y dentro del ámbito del Sanatorio de Enrique, organizamos un laboratorio de Fertilización asistida y nuestros primeros embarazos comenzaron a llegar antes de integrarnos en un Centro más específico, PROAR.

Este largo camino compartido me habilita para opinar sobre los valores y perfiles destacados del amigo  que ya no está. Enrique fue una persona brillante, reservada, leal y ética con fuertes convicciones democráticas, que supo como pocos comprender la compleja realidad que transitamos en nuestra Patria desde aquel lejano 1953. De ideas muy claras y firmemente expresadas, a veces impregnaba a sus verdades con una fina ironía que le era característica. Su legado es de una riqueza inmensa aunque de limitado conocimiento por su inherente sencillez. Por mi parte, me pesa el vacío de una pérdida irremplazable pero el pesar de su ausencia es mitigado con creces por el privilegio del tiempo compartido. La vida es tránsito y debemos felicitarnos  cuando tenemos  tan buenos compañeros de viaje.

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