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Actividades » Viajando

Eslovenia, una perlita de la antigua Yugoslavia. Sur de Baviera

La crónica de viaje por Europa del Este del Dr. Roberto Ítalo Tozzini

Yugoslavia: los escombros del comunismo tras la caída de la Unión Soviética

La década de los años 80-90 en Europa fue testigo de los acontecimientos más  sorprendentes y extraordinarios. El enorme imperio de la URSS que agrupaba a los países marxistas (regímenes impuestos en su mayoría), implosionó sin una verdadera confrontación con occidente. Las repúblicas se liberaron y la democracia volvió a imperar muchas de ellas. La magia fue debida a la conjunción de fuerzas inesperadas: el Papa Juan Pablo II, el nuevo líder de Rusia, Gorbachov y su esposa Raisa y el presidente norteamericano Reagan, seguro del poder de su país.

Después de esa década, sólo dos naciones  persistieron con dictaduras ideológicas aunque con perfiles totalmente diferentes: Albania y Yugoslavia. La primera fue el último bastión del marxismo puro aplicado con dureza  extrema por su dictador Enver Hoxa. Bajo su mando se consideró intolerables las pequeñas desviaciones de la URSS, Yugoslavia y finalmente China, rompiendo relaciones en cada caso con el resultado de un aislamiento total. Cuando Hoxa murió en 1985, el país se asemejaba a una comarca medieval, con un atroz atraso, sin comercio internacional y una pobreza uniformemente distribuida fuera de los dirigentes del partido.

Yugoslavia fue el reverso político de lo actuado en Albania. El mariscal Tito, obrero croata en sus comienzos que participó en todos los movimientos socialistas de liberación y que durante la guerra fue un héroe de la resistencia contra los nazis, se apoyó en el fuerte sentimiento nacionalista de la región para plantarse frente a Rusia y conseguir cierta independencia, sin renunciar al marxismo. Tito enarboló la bandera de una “pseudo” neutralidad, conocida como “el tercer mundo” de la que fue un principal representante. Incluso ya en 1967, abrió las fronteras del país para todos los países, hecho insólito en una nación comunista, permitiendo también la actividad de la Iglesia católica. En el frente interno, con las fuerzas armadas, se mantenía  un orden firme, a pesar del mosaico de etnias y creencias que constituía el país.

En mayo de 1980, muere en Lujbiana (Eslovenia), por causa vascular el dictador artífice de la Yugoslavia de post guerra. Por unos años la situación se mantuvo sin conflictos pero a poco resultó clara la pretensión Serbia de ejercer el control de todo el territorio. Esta doctrina “panserbia” es rechazada y estando al frente del gobierno  Slobodan Milosevich, se producen en 1989 los primeros atentados terroristas en Kosovo. A partir de allí, la espiral de violencia fue creciendo con intervenciones contraproducentes de las fuerzas americanas y europea, para llegar al fin del siglo con una explosión aterradora  de odio y conflictos raciales que desmembró al país en croatas, montenegrinos, eslovenos, musulmanes de Bosnia y macedonios, aparte de los serbios, desde luego.. El desgarramiento fratricida produjo unas 100.000 víctimas fatales, con momentos tremendos como la aniquilación de parte de la población civil de origen musulmán en Bosnia. En Srebrenica, la locura se transformó en genocidio  en julio de 1995, con la separación y matanza de 8000 hombres y niños musulmanes, separados de sus esposas y madres que fueron violadas y asesinadas. Ello ocurrió en un puesto militar abandonado en Potocari  y duró 3 días, estando al frente de las tropas serbias, Ralko Mladic y su jefe, Radovan Karadzic. La justicia occidental actuó muy tarde pero fue inexorable. S Milosevich, presidente de Serbia, fue detenido en octubre del 2000, por crímenes de lesa humanidad y extraditado a la Haya para ser juzgado. Murió en prisión antes de conocerse el fallo del tribunal. Karadzic ingresó a prisión para ser juzgado por igual motivo en  julio del 2008 y finalmente Mladic, lo fue en mayo del 2011, cerrándose así una larga cacería y uno de los más negros capítulos del racismo en la Europa moderna.

Conociendo Eslovenia

No muy lejos de esta conmoción, en el 2007, con el país integrado a la Unión Europea, visitamos la pequeña y encantadora Eslovenia.

Eslovenia  es un pequeño país que bien merece una visita. Para mejor comprensión de su cultura, vale recordar que perteneció al imperio Austro-Húngaro y Germano desde el siglo XIV hasta la primer guerra mundial en que finalizada la monarquía de los Habsburgos, se separó de Austria, luchó contra los nazis en la segunda gran guerra y a partir de 1945 se incorporó a la Federación Yugoslava donde permanece hasta 1991, en que tras una lucha breve contra Serbia se independiza y en el 2004 pasa a formar parte de la Comunidad Europea.

Lo visitamos en el 2007.  Con sólo 2.000.000 de habitantes, mantiene una excelente economía  con aparente  bienestar de sus ciudadanos. Su pequeño territorio es pródigo en bellos escenarios naturales y montañas, ríos, costa marítima lagos y cavernas se alternan para deleite del extranjero que transita esas tierras.

El trayecto en automóvil entre la capital de Baviera (Munich) y la pequeña población sobre el lago Bled, adonde se ubicaba el hotel que habíamos reservado, resultó un paseo muy agradable y relativamente breve. Inicialmente, tomamos la conocida ruta que se dirige a Salzburgo, pero pocos kilómetros antes de llegar a esta magnífica ciudad, doblamos hacia el sur, en dirección a Villach. El pintoresco paisaje austríaco, siempre de colinas verdes salpicadas de confortables casas con mucha madera y flores en los balcones, con las agujas de las iglesitas que se ven a la distancia  y algún viejo castillo observando el tiempo nuevo desde lo alto de un pedestal de piedra, se fue transformando en cadenas de montañas de altura cada vez mayor hasta desembocar en  los imponentes  alpes julianos, antaño frontera difícil de superar.

Hoy día, una sucesión de túneles de 10 a 12 km de extensión cada uno, perfora el muro rocoso y tras pocos minutos de luz artificial, el panorama vuelve a abrirse pero ahora ya del otro lado de la frontera, en lo que una vez fue Yugoslavia y hoy, tras su desmembramiento, corresponde a la joven república de Eslovenia.

El lago Bled

No hay controles aduaneros ya que circulamos por la casa europea y este pequeño país es miembro de la comunidad desde el 2004. Unas decenas de kilómetros más y a menos de 4 horas de dejar Munich, la señalización que indica Bled, aparece en el camino. Salimos de la autopista y nos internamos en un lugar encantador. Allí está el lago, frente a nosotros, a 500 metros de altura, rodeado por las últimas estribaciones de la cadena montañosa , con un peñón que se proyecta en la ribera norte y desde luego, con un  castillo montado sobre él;  casas que asoman entre pinares, hoteles y hosterías a la vera de un sinuoso camino que lo circunda como un anillo y en el medio de ese espejo manso de aguas turquesas donde se mira el cielo, una islita rocosa que oficia de base para una iglesia de aguzada cúpula. Se ven patos, cisnes y personas nadando entre botes de madera ¡una increíble postal!

A poco de rodear el lago, nos encontramos con una entrada elegante y el logo del hotel elegido: “Vila Bled” un hermoso chateau que en su momento fue el palacio de verano del mariscal Tito y que, en la actualidad, la municipalidad  lo ha convertido en un alojamiento muy confortable para el turismo internacional. Lo rodea un  parque impecable de añosos pinos y flores de todo tipo. un cantero  de lavanda con margaritas multicolores, señala el camino que desde la entrada de piedra gris nos lleva al ingreso del hotel.

Entrada a la Vila Bled. Palacio del Mariscal Tito.

Una aproximación mayor a Vila Bled.


Acomodado el equipaje, poco después salimos al balcón de nuestra habitación en un segundo piso y por un rato contemplamos con entusiasmo el magnífico paisaje que se extiende más allá de la copa de los árboles que llegan hasta nuestro nivel: allí está el lago como un disco terso en el mediodía; en su centro la elegante iglesia que ya he mencionado y como fondo, la cadena majestuosa de montañas cuyas rocas desnudas parecen surgir como de heridas del manto verde que cubre sus laderas. Luego de minutos de contemplación,  no resistimos el impulso y regresamos a la planta baja para descender por una amplia escalera de piedra hasta la ribera del lago, nos subimos a una de esas barcas de madera,  de techo ligero,  engalanada con flores para los turistas y le indicamos al único remero a cargo que queremos viajar a la iglesia, en el centro de la isla. El rema de pie, cruzando el lago lentamente, con una  larga pala,  sobre la proa del bote, mientras en un fluido inglés nos explica que allí  abundan los patos y algunos pocos cisnes, porque nadie de la población local osa tocarlos o asustarlos. Con mínimo cabeceo, el bote avanza sobre las aguas quietas; isla e iglesia se agrandan más y más. Llegado a un minúsculo atracadero, enfrentamos una  larga escalera de piedra que con cien escalones bien contados, que nos deposita en el plano de la isla donde se ha edificado la iglesia. La iglesia también está rodeada por jardines, con muchas flores blancas, rojas y amarillas, además de viejos pinos cubiertos por enredaderas.   Desde sus bordes, que caen a pico sobre el lago se tiene una buena vista del pueblo, de Vila Bled que es donde paramos y de todos los grupos de casas que se suceden, casi sin interrupción,  sobre la ribera del lago.

Atardecer desde el balcón de nuestra habitación en Vila Bled.

Galeria lateral de arcadas con escalera al lago Vila Bled.

Botes en el amarradero del lago de la isla Bled.

Tarde quieta sobre el lago Bled.

Lago Bled con su castillo, desde el bote a remos.

Isla del lago Bled, acercándonos en bote.


En cuanto a la iglesia, ella tiene su historia, ya que en su interior barroco muy adornado, y a la altura del crucero, se ve colgar una gruesa soga que llega al medio del pasillo frente al altar. Allí uno se informa  que al tirar de la soga, con mucha fuerza, se hace tañir la campana que está en el campanario. Dicen que es la campana del deseo y que éste se cumplirá si logramos que replique.  Por ello la cola de los que van a intentarlo es permanente y el bello sonido metálico se repite sin descanso, a todo horario.  Por esta campana de la bienaventuranza y hombres y mujeres se cuelgan de los nudos de la soga, logrando no todos, producir el tañido. Pero el intento de por sí vale la pena y todos se retiran satisfechos por la travesura. Desde luego yo tiré de la soga.

Ya más cerca de la isla con iglesia en el lago Bled.

100 escalones a la iglesia de la isla del lago Bled.

Altar de la iglesia del lago con soga para tañir la campana de los deseos en Bled.

Desde el castillo de Bled.


Bled es una  atractiva población turística, abarrotada de restaurantes donde la trucha es un plato fundamental en sus distintas preparaciones de las que disfrutamos en la semana de permanencia. Pero el lago, además de su innegable encanto visual, es un lugar de esparcimiento y los principales hoteles como es el caso del nuestro, tienen elegantes vestuarios sobre la costa con amplias planchadas de madera y poltronas donde recibir las caricias del sol y alrededor, un perímetro delimitado del agua con boyas donde se puede nadar sin riesgo de ser embestido por uno de los tantos botes que circulan. También se dispone de un embarcadero desde donde uno puede salir remando o pedaleando a recorrer las bellezas del lago. Estas comodidades que se ofrecen a los viajeros son independientes de costumbres locales bastante arraigadas. Temprano a la mañana, hemos visto llegar a la orilla hombres normalmente vestidos, que se desnudan totalmente, dejan sus ropas sobre la hierba bien guardada y se lanzan a nadar por el lago. Luego retornan, se secan al sol, se visten y se van caminando o en el vehículo en que han llegado.

Parque de Vila Bled.

Costa del lago Bled. Planchada y vestuarios del hotel.

Vila Bled sobre el lago. Vestuario y planchada de madera del hotel para baño y sol. Área de natación.

Vsta del lago y castillo. Área limitada con boyas para nadar del hotel Vila Bled.

Camino junto al lago Bled.


Bled presenta además, un bello golf club en las alturas, entre las montañas, y en su confortable club house servían unas truchas deliciosas. Concurrimos dos o tres veces a saborearlas.

Golf de Bled entre montañas. en cuyo club house cenábamos.

Casa de Bled junto al lago.

Centro comercial de Bled.

Hotel casino de Bled.



El lago Bohinj

Una de las primeras excursiones que realizamos con el auto, incluyó la visita al cercano lago Bohinj.

La carretera transcurre plácidamente entre serranías y verdes valles cultivados, salpicados con casas de madera tipo alpino con floridos balcones y en poco más de 20 km se llega a este lago de deshielo con aguas turquesa tan transparentes que a las truchas y otros peces se los ven nadando con toda claridad. La pequeña población adjunta es simpática con la infaltable iglesia y una gran hostería presentando sobre el fondo del lago una montaña importante,  que según la información local, se eleva a casi 3.000 metros y es la más alta del país.

Cementerio a la vera de la ruta entre Bled y el Parque Nacional Triglavski.

Vista del lago glacial Bohinj del parque Triglavski.

Aguas cristalinas del lago Bohinj


Es el Triglav que se yergue en el gran parque nacional del mismo nombre (Triglavski Narodni Park) y cuyas pistas de nieve en el invierno están colmadas de esquiadores locales que satisfacen así una verdadera pasión nacional. Ahora lo ocupan caminantes que recorren los distintos senderos montañeses. A su vez, la iglesia de San Juan el Bautista,  en la parte norte del río Sava Bohinjka, contiene los frescos mas bellos del siglo XV de toda Eslovenia, por lo que recomiendo  visitar su interior. El aire es puro, liviano, se respira tranquilidad y el lugar es de una belleza atrapante. No pudiendo evitar la atracción de esas aguas transparentes del deshielo, nos metimos en ellas casi hasta la cintura, disfrutando por unos minutos con esos pececillos mansos que circulaban entre nuestras piernas. Luego algo caliente en la hostería, un breve paseo montañés y con el sol en el poniente, regresamos  felices a Vila Bled.

Patos y truchas en el lago Bohinj

Hotel de Bohinj.

Parque Nacional Triglavski.


Ljubljana

Al día siguiente nos dirigimos a la capital, Ljubljana, que es su principal ciudad  con 300.000 habitantes. Tiene un agradable casco antiguo, que se desarrolla al pié de una serranía no muy elevada con su infaltable castillo, a lo largo de un río angosto, afluente del Sava, cruzado por puentes peatonales y vehiculares y con simpáticos bares y restaurantes que abren blancas sombrillas sobre sus mesas dispuestas en las barrancas del río. La población se viste elegantemente, y se muestra  dinámica, alegre y juvenil como corresponde a los aproximadamente 50.000 estudiantes universitarios que concurren a las 20 facultades y 3 academias de arte de la universidad de Ljubljana. Uno de los puntos de interés se concentra en el llamado puente triple sobre cuyo lado norte se aprecia una bonita iglesia franciscana de un llamativo color rosado y la estatua del poeta local France Preseren junto a impecables edificios de estilo Art Nouveau. Por el lado sur del puente, en la plazuela Mestni observamos la fuente Robba de estilo barroco y enfrente el gótico Parlamento de la ciudad.

Estatua del poeta Preseren. Plaza central y municipalidad de Ljubljana

Puentes sobre rama del Sava Ljubljana.

Puentes sobre afluente del rio Sava Ljubljana.

Restaurantes a orillas del río Sava de Ljubljana.

Congreso Nacional de Ljubljana.


Llama también nuestra atención, la mole cuadrada de la universidad que en pleno centro levanta sus cinco pisos de ladrillos rojos con lajas de piedra gris intercaladas entre las ventanas, lo que le brinda una imagen áspera particular. Bajo la sombra del pequeño castillo, una casona elegante tiene escrito en su frente, “Academia Filarmónica” junto a la fecha de su inauguración, 1701.  En esta sucesión de estilos que los siglos fueron juntando se destacan las elevadas torres gemelas de la catedral renacentista de San Nicolás con su exterior poblado de estatuas, bellas pinturas y una increíble puerta de bronce con  bajo relieve que muestra las cabezas de seis obispos o Papas. En su interior,  alberga hermosísimos frescos. Otra de las Iglesias de la época de los Habsburgos,  frente a la plaza, es la ursulina de la Santísima Trinidad de original fachada, cruzada por seis gruesas columnas que sostienen un techo casi ojival.

Universidad de Ljubljana.

Entrada al rectorado de la Universidad de Ljubljana.

Iglesia ursulina de la Santisima Trinidad (1726) en Ljubljana.

Academia Filarmónica de Ljubljana.

Iglesia de San Nicolás en Ljubljana.



El estilo renacentista se presenta en distintos edificios públicos y galerías y departamentos de aspecto moderno así como grandes casas con sus techos de tejas rojas se alinean en ambas márgenes del río entubado. Es de notar que  las construcciones o monumentos, no exhiben cicatrices de guerras o batallas como si la historia reciente hubiese evitado mancillar el espíritu  de  armonía que impera en la ciudad. Además, según me informaron, hubo escaramuzas con los vecinos serbios y croatas, pero fueron de corta duración.

Catedral de San Nicolás en Ljubljana.


Aprovechando  la tibieza de septiembre, decidimos incluir en nuestra agendaun viaje a la costa adriática que incluye una breve ribera de unos 20 km de extensión en la proximidad de Trieste. El resto de la orilla oriental del mar adriático y los lugares más bellos de la costa con turismo de alta gama, pertenecen a Croacia, pero las distancias son muy grandes para el recorrido en auto de un día.

Koper y Pirano

Las dos poblaciones principales de Eslovenia son Koper y Piran o Pirano y también se llega por una cómoda autopista que se extiende desde Ljubljana, pasando por Postonja con sus famosísimas cuevas del mismo nombre. Esta cuevas cársticas tienen galerías cubiertas por estalactitas que gotean agua cristalina a lo largo de 20 km, aunque sólo apenas unos 6 km pueden ser visitados a pié y con la ayuda de un tren eléctrico. El ambiente es frío y húmedo y según la información disponible se han formado hace unos 70 millones de años. Allí cerca se levanta el castillo de Postonja, empotrado en la roca  de la montaña, que fue una fortaleza invencible en la edad media. Por falta de tiempo también, no pudimos visitarlo.

El  atractivo y sedante mar azul, adriático, en este caso, se dibujó poco después en el horizonte. Pasamos de largo por la población portuaria de Koper que nos pareció importante e ingresamos en Pirano, dejando el automóvil en un estacionamiento obligatorio a la entrada de la ciudad ya que ésta es totalmente peatonal. Pirano es una población pintoresca, con aires venecianos que como una proa, se introduce en el mar. Luego de caminar a lo largo de una marina repleta de embarcaciones y veleros se llega a una impactante plaza central con edificios góticos perfectamente conservados entre los que se destacan los del Ayuntamiento o palacio  municipal con el  leon de  Venecia  esculpido en su  frente  y  los Tribunales.

Costa eslovena de Koper sobre el Adriático.


Palacetes que recuerdan a la construcción veneciana rodean a la plaza destacándose una casona de color rojo laca con ventanas blancas y una pequeña iglesia   En el centro de esta notable plaza de Tartinijev, con un piso de mármol inmaculado, se levanta precisamente la estatua de Giuseppe Tartini, violinista del siglo XVIII y querido compositor local.  Creo que es de destacar que son las esculturas de poetas y de músicos y no de reyes o generales las que adornan las principales plazas ciudadanas de este simpático país.

Puerto de Pirano.

Municipalidad y monumento a Giuseppe Tartini, músico local de Eslovenia.

Casas que rodean a la plaza central con un oratorio. Pirano.

Casas venecianas sobre la plaza central de Pirano.

Municipalidad y plaza central de Pirano.


Por encima  y dominando la edificación mencionada, sobre una pequeña colina, sobresale la torre elevada de la catedral de San Jorge, réplica del campanario de la catedral de San Marcos. A su lado, un baptisterio octogonal, con detalles romanos, barrocos y renacentistas, guarda un sarcófago de la época pre cristiana. El interior de la iglesia está decorado con bonitos frescos.

Campanario de la catedral de Pirano. Qué cielo azul!


Desde el patio de la iglesia, se tiene una completa vista de la población con las tejas rojas de sus techos y que se proyecta en el adriático como la quilla de un barco y se continúa sin  un límite definido, con un cielo azul absoluto. Mis retinas tratan de fijar la imagen pues es de una sutil belleza a la que muy probablemente no volveré a ver.

Plaza central y puerto de Pirano. Vista desde el patio de la catedral.


Como siempre nos ocurre en los lugares que disfrutamos, el tiempo parece transcurrir con una prisa particular y así, tras otras visitas a la capital y pequeñas escapadas a ciudades del interior como la medieval Kamnik, tuvimos que decir adiós a Bled, su palacio-hotel y la bella zona alpina circundante.

Kamnik, pueblo antiguo de Eslovenia del siglo XII a XV.


Murneau

De regreso a Munich, tras los largos túneles y los alpes regios, para compensar la pena por dejar atrás esta perlita europea, pasamos dos días en la población de Murneau, en otro confortable chateau del sur de Baviera, ya superada  la barrera montañosa. Desde este simpático pueblito alemán, con todos los atributos de la región alpina,  pudimos visitar distintos puntos de interés como, la famosa Iglesia Abadia junto al monasterio benedictino de Ettal. La construcción original, fue destruida por el fuego en 1744 y al reconstruirla el arquitecto italiano  Zucalli produjo uno de los edificios estilos rococó más emblemáticos de todo el sur de Baviera.

Chateaux Alperhof Murneau

Patio trasero y jardín del Alperhof en Murneau

Calle principal de Murneau en un frio domingo


Esta enorme iglesia mariana y el monasterio adjunto muestran un extenso frente ondulado que culmina en las dos torres campanarios de sus extremos,  adornado con blancas columnas y numerosas estatuas que ocupan sus respectivos nichos. Tiene 12 lados, como la iglesia del Santo Sepulcro en Jerusalén. La cúpula central, se levanta redonda y enorme, mientras que las torres laterales son más aguzadas y se rematan en cúpulas diferentes de mucho menor tamaño. El aspecto global resulta imponente. También impresiona vivamente su amplio interior sobrecargado al exceso  con altares y figuras doradas, propias de un rococó tardío. En el altar mayor se exhibe la estatua de la virgen María, traída desde Roma y que dio origen a la construcción de este bello templo.

Basilica mariana de Ettal

Basílica mariana de Ettal

Riquísimo interior del monasterio mariano de Ettal, de estilo rococó.


En la vecindad inmediata una agradable hostería típica de Baviera, nos permite reponer fuerzas y recuperar el aliento en el helado mediodía. Luego continuamos la marcha  mientras las tres cúpulas de Ettal se van desvaneciendo en la distancia.

Restaurante en Ettal donde almorzamos

Saliendo de Ettal: vista de la basílica.


Nuestro pensamiento se focaliza ahora en lo que vamos a ver. Nos dirigimos al Palacio de Linderhof, residencia de verano del tan particular rey Luis II de Baviera. Luis o el rey loco, fue un verdadero hacedor de castillos y su imaginación e iniciativa , produjo en la zona tres extraordinarios castillos que lo fundieron a él y en parte al condado de Baviera aunque la peregrinación turística que le siguió años más tarde han llenado las arcas de este estado alemán. Sus castillos o Schloss, inspirados en temas de Wagner fueron: el de Linderhof, que ahora vitamos, el de  de Herrenchiernsee que copia en muchos aspectos a Versalles,  y su realización más bella, el de Neuschwanstein reproducidos mucho después por los parques de atracciones Disney como emblema de castillo, hizo popular su figura en todo el mundo.  Sin embargo, esta bellísima edificación, con un entorno privilegiado casi no fue utilizado por el rey, que murió  ahogado junto a su médico cuidador en un lago vecino al poco tiempo de su finalización. Una muerte que ha sido considerada, probable asesinato.

Alrededores de Oberau, Baviera

Palacio de Linderhof

Sala de los Espejos en el Palacio de Linderhof



El camino atraviesa bosques y montañas, con algunos ciervos que se esconden en la oquedad de  los árboles ante el temor al ruido humano y poco después ingresamos en el extenso parque del palacio para estacionar entre numerosos automóviles y ómnibus de excursión. Afuera, el cielo es claro, diáfano y gélido; un termómetro marca los cero grados centígrados a pesar de transcurrir la semana última del aquel verano. Martha se envuelve con todo lo que lleva y afrontamos una cola para obtener el billete de ingreso a un recorrido forzosamente guiado. Pretendemos como siempre manejarnos por cuenta propia, pero no es posible. Tenemos que aguardar el turno y cuando nos toca, seguimos a la guía que nos abruma con datos irrelevantes en un aceptable inglés. El palacio es de reducidas dimensiones para el patrón europeo. Diría que es un bonito chateau, y nada más Su interior sí es impresionante, poblado de candelabros y adornos revestidos en oro, como en la Sala de los Espejos, techos trabajados, pinturas magníficas y desde el dormitorio sobrecargado del rey, la extraordinaria visión de la montaña vecina, con una cascada de agua que desemboca en una hermosa fuente ocupada por un conjunto escultórico de una mujer que dirige una cuadrilla de caballos. El comedor, además de su decoración deslumbrante muestra una característica única. El piso se abre y por un sistema de poleas la mesa completa desciende a la cocina para que se sirvan las comidas y bebidas antes de volverla a subir. Así el rey evitaba todo contacto con los servidores y gozaba de un aislamiento absoluto.

El parque que rodea al palacio es magnífico, versallesco, con glorietas, estatuas, fuentes,  lagos, chorros de agua que dibujan figuras en el aire y un verde perfecto, sólo interrumpido por alineados setos de flores rojas y blancas. El recorrido se completa ascendiendo a unas cuevas cercanas donde el rey plasmó su idolatría Wagneriana en un lago artificial con cisnes, estalactitas de mampostería y otras menudencias de gusto dudoso mientras  el aire se llena con las melodías tan características del extraordinario compositor alemán.

Parque del palacio de Linderhof

Vista general del palacio de Luis II en Linderhof

Frente del palacio de Luis II

Vista desde el dormitorio de Luis II. Palacio de Linderhof

Jardines del Palacio de Linderhof

Jardines del Palacio de Linderhof

Gruta artificial del Palacio Linderhof de Luis II de Baviera

Gruta y lago artificial del palacio Linderhof de Luis II de Baviera


Terminamos el paseo, volvemos alegres pero ateridos, buscando en el regreso una buena hostería donde recuperar sensación térmica con un chocolate bien caliente.
Al día siguiente nos trasladamos a Munich, repleto de turistas y de alemanes en ropas tirolesas y vientres voluminosos,  pues ha comenzado la tan promocionada fiesta de la cerveza (October Fest) y las enormes cervecerías muestran ocupación plena con camareros corriendo con sus grandes bandejas  que portan cerveza en jarras de un litro, mientras los parroquianos cantan y gritan de alegría. Por las calles circulan lugareños con sus trajes tiroleses y toda la ciudad es una fiesta.

Dejamos pues este aquelarre y poco después, el enorme avión del Airbus nos regresa a Buenos Aires.



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