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Berlín: Muerte y resurrección de la gran capital germana

Después de la guerra, Berlín, destruida y dividida, se erigió en un símbolo para el pensamiento occidental, representando la perseverancia y voluntad indómita de un pueblo de preservar su libertad. Por Roberto Ítalo Tozzini.

Después de una corta estadía en Copenhague, para asistir a un Congreso Mundial de Ginecología y Obstetricia, volamos a otra de las grandes ciudades europeas que nos faltaba conocer, secuela de la ya vieja división política de Europa entre Occidente y la URSS  luego de la segunda guerra mundial: me refiero a Berlín, la gran capital alemana, demolida al terminar la guerra y luego desmembrada en sectores de dominio de las potencias triunfantes: Inglaterra, Francia y USA, que después se reunieron en Berlín occidental y tras el muro de vergüenza, la zona rusa de la llamada República Democrática Alemana. Con la particularidad que la totalidad de la ciudad compartida, se ubicaba en el corazón del territorio que se habían adjudicado los soviéticos.

En realidad, el nombre de Berlín despertaba en mi memoria inconsciente, sentimientos encontrados: desde niño esa palabra evocaba las calamidades de la segunda guerra mundial. La capital del Tercer Reich, Hitler, el nazismo, el racismo exacerbado, el holocausto, la solución final para el pueblo judío, la destrucción brutal de los valores de occidente; algo así como un poder tenebroso con capacidad para anonadarnos. También me recordaba por lecturas y películas a cultura y capacidad, a esfuerzo y dedicación así como a disolución, libertinaje, lujos y salvaje erotismo (“aquellos locos años 20”).

Pero después de la guerra, Berlín, destruida y dividida, se erigió en un símbolo para el pensamiento occidental, representando la perseverancia y voluntad indómita de un pueblo de preservar su libertad y estilo de vida, aún a costa de todas las penurias y adversidades. Aislados de occidente, pues quedaron como una isla -incluidos en la zona rusa-, pero consecuentes con sus principios, resistieron la presión soviética, sus amenazas, sus bloqueos.  Tal fue el famoso cierre de todas sus fronteras del ´48 al ´49, que duró poco más de un año y requirió medidas heroicas como el puente aéreo diario desde Alemania occidental al Berlín sitiado para trasladar los  medios de subsistencia y otros insumos imprescindibles que realizaron los aliados, llevando al fracaso el bloqueo soviético que buscaba la rendición de Berlín occidental y su incorporación a la llamada Alemania Democrática.

Recuerdo devorar los informes diarios que publicaba La Capital en esa titánica pulseada. Los aliados triunfaron, la ciudad se mantuvo independiente, creciendo y prosperando, siendo un faro de atracción para sus vecinos orientales y una propaganda demoledora contra el sistema comunista, que obligó entonces a la construcción del famoso muro para contener en algo la estampida permanente de los alemanes orientales que huían hacia su libertad y crecimiento personal. Se construyó en 1961 con una extensión de 160 km, y el 9 de noviembre de 1989 comenzó su demolición  ante el júbilo popular de ambos lados.

Cuando  visitamos la ciudad  unificada, 8 años después, en 1997, Berlín era una importante capital europea con 3.500.000 habitantes, con un elevado desarrollo cultural y comercial y fundamentalmente, una ciudad verde, con grandes parques y espacios arbolados, múltiples canales de agua que la atravesaban y una población alegre, dinámica y emprendedora que auguraba crecimiento y bienestar. Ya en la primera visita, nos enamoramos de la nueva Berlín. En poco tiempo, regresaríamos 4 veces más, en el 2000, 2004, 2010 y 2012.

El vuelo desde Copenhague nos dejó en un aeropuerto relativamente pequeño, el de Tempelhof. Para mi sorpresa, en muy pocos minutos llegamos al hotel: Berlín Occidental estaba inserto dentro del mapa comunista y por lo tanto, la pista de aterrizaje debía encontrarse en el ejido urbano. Mi primer contacto con la ciudad me produjo dos impresiones fuertes: una, que había llegado en un momento de total reconstrucción, de electrizante entusiasmo popular indicador de que algo nuevo y extraordinario estaba por alumbrarse. Por todos lados  se observaban las plumas o grúas de edificación que al moverse, parecían danzar un  ballet especial. Nuevos edificios se levantaban ocupando los huecos y descampados que la guerra y el comunismo habían producido. Particularmente, en ese gran cinturón central, antes base del muro ignominioso y de los terrenos despejados para mejor cacería humana en los intentos de escape, la actividad era abrumadora.  Topadoras y torres, escavadoras y cementeras se veían por doquier,  y los  obreros trabajaban  con un entusiasmo frenético como no lo había visto nunca en otro lugar, ni siquiera en New York. Me siento feliz de haber sido testigo del espíritu de reconstrucción  que palpitaba en la ciudad. Fue un hecho inesperado, excepcional, difícil de repetirse en otro lugar.

Berlín este: la danza de las grúas (1997)

Zona del muro de Berlín en reconstrucción (1997)

Zona del muro de Berlín en reconstrucción (1997)

Zona del muro de Berlín en reconstrucción (1997)


Mi segunda impresión fue la presencia de los numerosos espacios verdes, en pleno centro. Estábamos en presencia de una verdadera ciudad- jardín.

Precisamente, el Hotel Intercontinental donde nos hospedábamos estaba en la vieja zona occidental, adyacente a uno de los grandes parques, el Tiergarten con su enorme zoológico, su acuario, estanques, cafés y monumentos. Además esta zona residencial incluía palacios, museos y emprendimientos urbanísticos que mencionaré más adelante.

Recorriendo Berlín

Siendo la ciudad tan extensa y existiendo una oferta turística tan rica para nuestros escasos siete días de estadía, resolvimos utilizar como transporte un sistema de ómnibus  descapotados, con guías en los distintos idiomas que se detenían en todos los puntos de interés, para que uno si lo deseaba, descendiese, recorriera el lugar o hiciese lo que considerara mejor, y luego, subiera a otro de la misma línea, que aparecía cada 15 minutos. Una tinta indeleble en el dorso de la mano nos permitía acceder al transporte las veces necesarias.

Así fuimos conociendo los principales lugares que habíamos seleccionado de antemano, comenzando por la zona con mayor densidad en lugares históricos, sin duda, la vieja zona oriental. A ella ingresamos por la imponente puerta de Brandenburgo, luego de transponer la tierra arrasada que dividía en dos a Berlín. Este monumento simboliza quizás mejor que ningún otro la reunificación o la integración de los polos antagónicos en los que lo separó la política. La monumental puerta, diseñada por Carl Langhans con columnas dóricas que forman el pasaje propiamente dicho, está inspirada en los propileos que daban ingreso al Partenón de Atenas. Luego se observaba el alquitrabe y las metopas con bajorrelieves de escenas mitológicas y, coronando la construcción, la formidable escultura en cobre de la Victoria Alada en su carro de cuatro caballos. Este monumento de estilo clásico, inaugurado en 1793, fue conocido inicialmente como “Puerta de la Paz”, pero la cuadriga no permaneció siempre en su emplazamiento, sino que Napoleón, atraído por su belleza, la arrebató llevándola a París. Después de Waterloo fue recuperada y vuelta a entronizar. Con  los bombardeos aéreos de los aliados, la Victoria resultó parcialmente destruida, por lo que se la restauró y volvió a colocar. Durante el levantamiento obrero de Berlín del  Este, en 1953, la estatua fue nuevamente retirada y reinstalada más tarde. El último ataque lo recibió durante los festejos del Año Nuevo en 1989, víctima de vandalismo de trasnochados. En la actualidad, todo el conjunto de la obra ha sido sujeto a un minucioso proceso de restauración que ha devuelto a la famosa puerta toda su belleza y majestad original.

Puerta de Brandenburgo (2012)

Puerta de Brandenburgo en Berlín este (1997)

Detalle de la escultura de la Puerta de Brandenburgo (2012)


Frente al portal se extiende la Plaza París, donde tantos actos políticos occidentales se realizaron en la época de los dos Berlín. Vecino a Branderburgo, se ingresa al nuevo Reichstag o Parlamento Alemán que fue reconstruido por el arquitecto inglés Foster, y que remata la maciza estructura en un una bella cúpula transparente, de gran tamaño, por la que los numerosos visitantes pueden circular (unos 3.000000 al año). Hoy día se proyectan nuevas reformas para el ingreso del público.

A partir de este arco y hacia el este, se extiende una importante avenida, que en tiempos de Federico el Grande, constituía el eje central de su capital. La aristocracia y los alemanes acaudalados la convirtieron en el lugar de mayor prestigio para vivir, por lo que a partir del siglo XVII erigieron a su vera magníficos edificios y palacios de estilo barroco y neoclásico. Los intensos bombardeos de la segunda guerra redujeron  a escombros a muchos de ellos. En la reconstrucción posterior se transformaron en su mayoría en edificios públicos o sede de embajadas, siendo la principal,  apenas  se transpone la puerta,  la enorme embajada Soviética, omnipresente en la vida de la República Democrática Alemana. Hoy día esta magnífica avenida “Bajo los Tilos” (Unter den Linden en alemán), ha recuperado su preeminencia, con la reapertura de grandes hoteles como el  Adlon  y negocios o comercios de especial refinamiento.


Embajada Rusa en la Avenida Bajo los Tilos (2012)

Embajada de USA en la Avenida Bajo los Tilos (2012)

Hotel Adlon ubicado en la Av. Unter den Linden donde Hitler realizaba sus reuniones (2004)

Hotel de Berlín este (1997).



En el centro de la avenida se levanta la imponente estatua ecuestre de Federico el Grande y a lo largo de las cuadras surgen edificaciones importantes, como la Biblioteca Estatal, “Linden – Forum,” el Teatro Estatal para la ópera, la sede de la Academia y un palacio de arquitectura clásica edificado para el hermano de Federico, que en la actualidad forma parte de la famosa Universidad Humbolt, fundada en 1810. Por los claustros de la universidad transitaron figuras de la importancia de Hegel, Marx, o Einstein. Cerca se levanta una especie de capilla habitada por la conmovedora estatua de una anciana, para recordar a los judíos inmolados en la locura del nazismo.

Frente de la Universidad de Humboldt (2012)

Universidad de Humboldt (2012)

Monumento a Federico el Grande frente a la Universidad Humboldt y la Av. Unter den Linden (2012)

Monumento a los Judíos asesinados en Europa (2012)

Interior del Monumento a los Judíos asesinados en Europa (2012)


La “vieja Biblioteca” muestra sus líneas barrocas en contraste al austero clasicismo del edificio de la universidad. Al lado, se encuentra un pequeño edificio con aspecto de templo dórico, con el encanto y equilibrio de la obra clásica. Fue diseñado por Schinkel a principios de 1800 como puesto de guardia del ejército prusiano, luego pasó a ser monumento al soldado desconocido y, bajo  el dominio rojo, fue dedicado a las víctimas del fascismo y el militarismo. En la inmediata vecindad se destaca una maciza construcción, de una cuadra de lado, que constituye la expresión más importante del barroco en Berlín. Conocido como “el Arsenal”, hoy es el Museo de Historia Alemana que expone ricos trofeos de las guerras así como máscaras de guerreros agonizantes que expresan en sus rictus el horror y la amargura de las batallas.

Edificios de la antigua biblioteca y la Ópera del Estado (2012).



La Plaza de la Academia: Gendarmenplatz

Continuando con el reconocimiento, llegamos a un espacio amplio que contiene un extraordinario conjunto arquitectónico, conocido como la Plaza de la Academia o Gendarmenplatz. En el centro de la plaza, se destaca un edificio de estilo clásico, con amplia escalinata de acceso, frente adornado por columnas jónicas sobre las que asienta el triangular frontón con bellos bajorrelieves, y en el techo, la figura airosa de una diosa en su carro alado. Es el teatro de Schinkel que en la actualidad se  lo utiliza sólo para conciertos. Por delante, se yergue un magnífico monumento a Schiller, realizado en mármol de carrara donde se lo ve al célebre escritor rodeado por un conjunto de musas. A los lados del teatro y con perfecta simetría alemana, se levantan dos iglesias gemelas: al norte, la catedral francesa, construida por los hugonotes, y, en la esquina sur, la catedral germana, ambas edificadas sobre la base de una cruz griega, con sus cuatro frentes iguales de seis columnas dóricas y una elevada torre circular en el centro que culminan con similares cúpulas y una figura dorada en su extremo superior. El conjunto, desarrollado sobre la extensa superficie de la plaza, es de un equilibrio y grandeza superior. Vale disponer de buen tiempo para el recorrido, contemplación y registro fotográfico. Alrededor de la misma, se levantan importantes edificios de 9 a 10 plantas. Entre ellos, se destaca a la izquierda (si se mira de frente al teatro) la figura de hotel Hilton.

Edificio central de la Gendarmenmarkt ubicado en Berlín este (1997).

Gendarmenmarkt . Monumento a Schiller (2012).

Iglesia hugonote en la Gendarmenmarkt (2004).

Cafeterias entre el Teatro y la Catedral francesa en la Gendarmenmarkt (2012).

La catedral francesa en Gendarmenmarkt (2012).

Gendarmenmarkt (2004).

Gendarmenmarkt en frente del hotel Hilton (1997).


Sobre el lado sur de la gran avenida Unter den Linden, encontraremos otra plaza famosa en su momento por la quema de libros censurados por los nazis denominada Bebelplatz, donde se levanta la iglesia católica más antigua de Alemania, Santa Eduvigis y el edificio de la Ópera.

Gendarmenmarkt. Vista del Teatro y la Catedral alemana (2012).


Y antes de abandonar el área, que puede ser recorrida a pie con toda comodidad, cabe visitar la nueva y muy concurrida Potsdamer Platz, construida sobre los terrenos vacíos que quedaron al eliminar el muro y muy cerca del puesto Charly. En el lado oeste de la plaza se destacan dos importantes edificios: el Sony Center, que es un complejo comercial y turístico de varios pisos de acero laminado, con oficinas, negocios y restaurantes, estos últimos, en una terraza panorámica cubierta de una cúpula transparente. El otro bloque arquitectónico  es el Quartier Daimier Chrysler, no turístico y solamente comercial. También en la plaza, se distingue la torre Kollhoff de 100 m y 25 pisos. Algunos festivales de cine se han llevado a cabo en esta plaza en los últimos años.

La Plaza Marx-Engels

Si regresamos a la avenida de los tilos y avanzamos hacia el este, daremos con un puente, llamado “del Palacio” que cruza sobre uno de los tantos  canales o ramas del río Spree, y desde allí abarcamos con la mirada una sucesión magnífica de parques y edificios regios. A la izquierda se avizora un enorme complejo de museos de impecable clasicismo y a la derecha la plaza Marx – Engels, considerada la equivalente a la Plaza Roja de Moscú por su significado, ya que era el centro de todos los desfiles obreros o militares del 1º de Mayo así como de otras reuniones  populares. El conjunto asienta sobre una isla formada entre los brazos del citado río, donde en sus albores creció la ciudad de Cöln, mientras que Berlín se desarrollaba en la margen derecha del Spree.
Durante el siglo XV se erigió en la isla el primer castillo, y a partir de 1470, se constituyó en la residencia permanente de la familia Hohenzollern. El Palacio Real fue duramente bombardeado durante la segunda guerra mundial y bajo el gobierno comunista se resolvió no reconstruirlo y dar origen en 1950 a la mencionada plaza Marx – Engels. La catedral y los otros palacios – hoy museos – han persistido hasta nuestros días.

Esta área de edificación clásica, por su estética y contenido, constituye un conjunto extraordinario, que bien vale disponer de varios días para recorrerlos, ciertamente con momentos matizados por reparadores descansos en los numerosos cafés y restaurantes de la zona. En la actualidad se la conoce como la Isla de los Museos e incluye 5 formidables instituciones. En el primer viaje nos dedicamos a conocer a fondo  al más renombrado de estos museos y el único abierto al público: me refiero al Pergamon, que expone obras únicas sobre la antigüedad clásica. Su nombre proviene de una de sus posesiones más preciadas, un gigantesco altar de Pérgamo realizado unos dos siglos antes de Jesucristo, retirado de sus tierras en Asia menor y reconstruído en Berlín, piedra por piedra.

En la vecindad de la isla, puente de por medio, visitamos otra masiva construcción, levantada a comienzos del siglo XX por el Kaiser Guillermo II: la maciza catedral de Berlín. Es una estructura cuadrangular, con una torre en cada esquina, y en su centro emerge una impresionante cúpula de cobre azul verdoso que domina toda la escena. Columnas corintias, estatuas de ángeles y aberturas de estricto estilo clásico, adornan la base  de la gran cúpula. Esta basílica, católica en su origen, es en la actualidad protestante y  fue dañada severamente en los bombardeos, pero al momento de nuestra visita acababa de ser reconstruida por lo que lucía en todo su esplendor. Su interior es particularmente imponente y lujoso, con columnas de mármol obscuro y las paredes también recubiertas de mármol de diferentes colores con profusión de adornos dorados. El púlpito es de estilo imperial, coronado por una cúpula que sostienen elegantes columnas. Bronce y oro finamente trabajado, realzan la presencia de este sitio de oratoria. El altar es una pieza espectacular; reluce en oro con un nicho para cada apóstol, la copa del cáliz enmarcado por ángeles que se elevan en su parte central. En ambos lados del altar, se lucen dos magníficos candelabros de más de dos metros de altura, como montando  guardia en el sagrado lugar.

Un órgano gigantesco cuelga del balcón del piso superior a la izquierda del ingreso. En una de mis visitas a la ciudad disfruté de sus soplantes sones en un concierto realizado para agasajarnos como participantes de un Congreso sobre Climaterio, en el año 2000. Por último, la cripta de la iglesia contiene el agobio  de 95 sarcófagos con los restos de los principales integrantes de la dinastía de los Hohenzollern.

Por fuera, en la fresca brisa, brilla el verdor del parque, con el marco de dos importantes construcciones vecinas. Hacia la derecha, el frente del Museo de Arte Antiguo o Alter Museo, con una galería de elegantes columnas jónicas dispuestas cada dos metros de distancia que ya se mencionó, y, hacia el frente, la Galería Nacional de Pintura Antigua, también mencionada, que se edificó como una copia del Partenón griego, con sus ocho columnas dóricas de frente y 17 de fondo, su alquitrabe y su frontón triangular ornamentado con bajorrelieves. Todas ellas mostraban en ese momento (1997), sobre la piedra, el obscuro color de los incendios sufridos.

Finalmente nos queda por recorrer la antigua  plaza comunista (Marx – Engels), admirar la iglesia gótica de Santa María y el Ayuntamiento de ladrillos rojos de estilo Renacentista (Rotes Rathaus) edificado en 1870 con una torre aparatosa de 100 metros de altura y pinturas en sus paredes que reflejan la historia grandiosa de la ciudad.

Municipalidad de Berlín oriental. Plaza Marx-Engels (2004).


La plaza Alexanderplatz

Cruzando nuevos puentes peatonales, caminamos en seguida por la plaza más conocida de Berlín: Alexanderplatz. Antes de la guerra fue uno de los sitios de mayor movimiento social en  la ciudad, que no descansaba en las 24 horas del día. Aún hoy, luego de las duras condiciones de supervivencia, conserva su espíritu alegre, bullicioso, con amplias zonas peatonales, cafés, hoteles como el Radisson de la SAS, el rascacielos del Forum, galerías, grandes almacenes y departamentos. Cerca del centro de la plaza, a la vera de una vieja iglesia, se yergue la impresionante columna de la torre de televisión que llega a los 365 metros de altura, sobrepasando incluso a la torre de Eiffel y a cualquier otra construcción alemana. En la base funciona un centro de información y, en lo alto, con la forma de una esfera plateada, se encuentra un puesto de observación y un  restaurante giratorio, desde donde se tiene una vista excepcional, no sólo de Berlín sino también de las zonas boscosas y lacustre vecinas.

Plaza Alexanderplatz (2004).

Alexanderplatz y la torre de TV (2004).

Alexanderplatz y la torre de TV (2004).

Alexanderplatz y la catedral (1997).

Alexanderplatz (1997).



También en lo que fuera la zona oriental, pero cerca de su parte media, se construye actualmente (1997) sobre la calle Friedrichstrasse una nueva área de grandes tiendas, como la  Lafayette y otras marcas internacionales (italianas y francesas) muy cerca de donde estuvo emplazado el Muro infame y el conocido puesto o paso Charly perteneciente a los norteamericanos.

Calle comercial de Berlín este (1997).

Parada Lafayette de Berlín este. Nueva área de tiendas y Teatro Nacional (1997).

Friedrichstrasse y galería Lafayette. Al final, Checkpoint Charlie (2012).


El viejo Berlín Occidental

Regresemos ahora al  viejo Berlín oeste que dispone asimismo  de  su  antiguo empuje cultural – comercial  y sitios de visita obligada para todo turista que se precie. El corazón de su actividad se desarrollaba y desarrolla todavía, sobre el congestionado boulevard “Kurfüstendamm” o, simplemente, “Ku´damm” para los berlineses. Esta es la vía principal de lo que fue el sector occidental,  y a sus lados se levantan los más importantes negocios, tiendas, joyerías, boutiques, peleterías, hoteles de lujo, grandes cines y agencias de todo tipo de ventas, además de bares  y restaurantes, que en el corto verano extienden sus mesas en la vereda, bajo toldos o sombrillas.

En el primer viaje de finales de junio resultaba muy placentero ubicarnos con Martha a la tardecita, en una mesa al aire libre para tomar un té y algunos bocaditos mientras nos deleitábamos con la procesión incesante de personas de todos los aspectos, todas las razas y todos los atuendos que en ambas direcciones caminaban rauda o pausadamente delante del café.

Un sábado, ya en julio, el espectáculo mejoró, pues la avenida fue cerrada para dar paso a una competencia tipo maratón, que se corría a pie y en cualquier tipo de vehículo, como bicicletas, patines o patinetas, triciclos y hasta sillas ortopédicas. Una verdadera exhibición alegre, vital, dinámica, inolvidable.

Ku'damm (1997).


La avenida alcanza su punto de efervescencia mayor sobre la plaza del Zoo, donde se levanta la torre quebrada de la iglesia conmemorativa del Kaiser Guillermo I. De estilo neo renacentista, fue inaugurada en 1895 y destruida en 1943 por el fuego de la artillería y las bombas del final de la guerra. La gran torre de la iglesia que se alzaba a 113 metros se partió, perdurando precariamente unos 63 metros de la base, además de ingentes destrozos en toda su estructura. Los alemanes optaron por no restaurarla, manteniéndola como monumento recordatorio de la destrucción de la guerra, como un fantasma doliente de la locura humana, que lleva la profanación de la muerte al centro civil de una ciudad. A su lado edificaron una insulsa torre de vidrio azul y aluminio, de forma octogonal, que reemplaza al campanario perdido, con un toque de modernidad (de mal gusto a mi juicio). Hoy, no obstante, los berlineses han cambiado de idea y se ha iniciado la planificación  para restaurar  la torre destruida.

Iglesia bombardeada y y torre nueva (2004).

Iglesia bombardeada en conmemoración al káiser Guillermo (2004).

Iglesia conmemorativa del káiser Guillermo. Conservada tal como quedó tras los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial (1997).

Nueva iglesia en Breitscheidplatz de forma octogonal en reemplazo de la bombardeada Kaiser Willheim (2012).


El Dom desde su plaza. Las piedras están oscuras por los incendios de la guerra (1997).

El Dom parcialmente reparado (2004).

El Dom parcialmente reparado (2004).

Una de las cúpulas de la catedral (Dom) reconstruida (1997).

Púlpito del Dom (1997).

Altar del Dom (1997).



Por detrás de la iglesia, se levanta el “Europa- Center”, una extensa construcción de 22 pisos que incluye boutiques, cines, un cabaret famoso (“los puercoespines”), discotecas, casino, bares y un café en la terraza desde donde se disfruta de una excelente vista de esta parte de la ciudad. También este punto es un centro neurálgico desde donde parten ómnibus de excursión, de línea regular, subterráneos y paradas de taxis en todas las direcciones posibles.

En una avenida que termina oblicuamente sobre esta plaza y la quebrada catedral, la Tauentzienstrasse, se observa, a un par de cuadras, un emblemático monumento moderno en referencia a la dolorosa división por el muro del Berlín de los años 80: sobre el cantero central de la avenida, dos eslabones gigantes de una cadena rota, se entrelazan parcialmente. Hoy ha perdido vigencia afortunadamente, pero junto a la iglesia de Guillermo, se mantienen como  recordatorios de la insania del hombre.

Monumento al Berlín dividido (1997)


Sobre esta misma avenida, alejándonos un poco más, nos encontramos con la mayor tienda y almacén de  Berlín, el conocido con la abreviatura KaDeWe (almacenes del Oeste), fundado en 1906 y constituido en verdadero símbolo de abundancia y diversidad de mercaderías durante el ominoso período de la división de la ciudad. Se decía que si no se encuentra en KaDeWe, no existe.

Fmosa tienda de Berlín occidental (1997).

Zona de shopping en Berlín este (1997).



El zoológico y la zona del Tiergarten

Ya mencionamos que la estación del metro o subterráneo presenta, en la plaza de la iglesia truncada, en una de sus salidas, la entrada directa al Zoológico. El de Berlín es probablemente el más grande de Europa y en sus 35 hectáreas pueden encontrarse los animales más exóticos y los que están en vías de extinción, como el oso panda gigante chino, rinocerontes de la india,  etc. Si bien no soy muy entusiasta con las prisiones de animales, en dos oportunidades  viajamos con nuestras nietas, Alejandrina primero y Carolina después, y la visita al zoo resultaba inevitable y es real que pasamos momentos muy agradables.

Feria de verano. Plaza del zoo (2012).


El zoológico es monumental, conteniendo cuanto animal que corra, vuele o nade en el mundo conocido. Aquí nos encontramos con la más extraordinaria variedad de monos que he podido contemplar. De ejemplares pequeños que caben en la mano, hasta  los fornidos gorilas que imponen el máximo respeto. Elefantes, jirafas, rinocerontes, cebras, lobos marinos, focas, pingüinos, y otros mamíferos acuáticos.  Los grandes felinos del África se movían en un hábitat cercano  al natural (por un lado salían a la clásica celda enrejada, frente al público o por otro, podían retirarse  a un amplio espacio verde y arbolado ya fuera de la observación humana). En la primera visita, un enorme león, que descansaba frente a un grupo que le sacaba fotos, se fastidió con los flashes y parándose emitió un terrible rugido que hizo vibrar la galería y obligó a salir casi en estampida a los que estábamos mirando, con un terror atávico.

Panda en el zoo de Berlín (2004).

Ciervos en el zoo de Berlín (2004).

Monos en el zoo de Berlín (2004).

Flamencos en el zoo de Berlín (2004).

Focas en el zoo de Berlín (2004).

Pingüinos en el zoo de Berlín (2004).

Pantera en el zoo de Berlín (2004).

León en el zoo de Berlín (2004),


En el enorme Aquarium se encuentran desde tiburones y pirañas carnívoras a distintas especies de cocodrilos, orcas, boas, tarántulas y alacranes o escorpiones altamente venenosos.

Zoo y aqcuarium (2012).


El “Zoo” se continúa con el enorme parque del Tiergarten. En el siglo XVII, este parque era un bosque donde los reyes prusianos cazaban jabalíes y venados. Posteriormente evolucionó a un jardín estilo francés primero e inglés años mas tarde. Durante la guerra los árboles fueron talados para ser utilizados como leña y recién a mediados de este siglo, bosque y parques fueron repoblados al tiempo que se desarrollaron interesantes proyectos urbanísticos.

Feria de verano en el Tiergarten, el principal parque berlinés. Al fondo, la iglesia bombardeada en reparación (2012).


Hoy día, este gran espacio verde y arbolado contiene importantes museos, un gran centro de conferencias, palacios como el Bellevue, acondicionado actualmente como sede  de la presidencia alemana;  el elegante barrio residencial Hansaviertel y construcciones llamativas  tales como  el enorme edificio de Ludwig Leo, pintado en azul profundo, rosa y verde. En el centro del Tiergarten y en el medio de una avenida, uno encuentra la rotonda de Grosser Stern, donde se levanta el conocido Monumento a la Victoria, una gruesa columna obscura con adornos en bronce provenientes de cañones empleados en el frente,  que surge de un templete circular, sostenido por columnas jónicas. Sobre la columna asienta  una escultura dorada que representa a la diosa de la Victoria. Conmemora batallas victoriosas  del siglo XIX y puede subirse por su interior, mediante una escalera caracol.  Bajo la Victoria Alada, se accede a un balcón mirador desde donde se disfruta de una vista completa  del área,  hasta el río Spree.  

Monumento a la Victoria en Berlín oeste (1997).

El Reichstag desde el río Spree y su cúpula vidriada (2012).

La antena de T.V. en Alexanderplatz asoma sobre la cúpula del Museo Bode (2012).

Museo Bode en la Isla de los Museos (2012).

Viejos edificios a la vera del Spree (2012).

   
El Palacio y los jardines de Charlottenburg

Una visita casi obligada y algo más alejada del centro es al palacio y jardines de Charlottenburg. Este castillo fue la residencia favorita de la reina Sofía Carlota, esposa de Federico I, quien lo mandó a construir para que ella lo habitara los meses de verano. La construcción se inició a finales del 1600, a  lo largo de la ribera del río Spree, al oeste del Tiergarten, quedando fuera de los límites de la ciudad de ese entonces. Hoy día, para acceder al Palacio, debe transponerse una puerta que se sitúa entre dos pilares coronados por sendas estatuas de guerreros en actitud de combate. El resto del entorno lo ocupa una reja de hierro con motivos de bronce, bellamente trabajada. Se pasa luego por un patio empedrado, en cuyo centro se yergue la magnífica estatua ecuestre de Federico El Grande, realizada por Andrea Schlüter en 1697, verdadera obra maestra de la escultura barroca.

La catedral (2012).

Entrada al Palacio de Charlottenberg (2001).

Palacio de Charlottenberg (2001).



El castillo en sí muestra rasgos renacentistas, con una atractiva fachada amarilla y techos rojos, coronados por la imponente cúpula globulosa de cobre, rodeada de ventanas circulares que termina en una torrecita con su veleta dorada con la forma de la Diosa de la Fortuna. Los interiores son tan lujosos como cabe esperar, con muebles y elementos decorativos del período rococó. Como la guerra destruyó buena parte del mobiliario original, el ambiente se recreó con elementos procedentes de otros palacios prusianos del siglo XVIII. Se destacan, en la parte central del castillo, los amplios ambientes correspondientes a los apartamentos del Rey Federico y la Reina Sofía – Carlotta con sus deslumbrantes paredes en color damasco amarillo, que fue el color predominante y favorito del Rey. También se exponen bellos tapices del siglo XVIII y delicados vasos de cristal de Meissen en azul y blanco. La colección de objetos de porcelana china y japonesa es excelente, con figuras de mandarines de tamaño natural.

Palacio de Charlottenberg (2001).

Estatua ecuestre de Federico el Grande en el Palacio Charlottenberg (2001).


También se visita la Capilla Real, una obra exquisita y recién restaurada y la biblioteca personal de Federico donde se reconocen textos de los grandes escritores de la época, indicando la inclinación filosófica y literaria de este Rey. Resulta notable la galería dorada, revestida con mármol verde que conduce a una estancia donde exhiben pequeños cuadros de Watteau.

Por fuera, el palacio está rodeado de magníficos jardines que transmiten una sensación de paz  y tranquilidad. Se observan amplios pabellones, destacándose por su bonito diseño el de Schinkel  con  estatuas, estanques, elegantes fuentes y un barroco Belvedere cerca del límite norte que ahora contiene una colección de porcelanas. Un templete Dórico constituye el Mausoleo de los Hohenzoller del siglo XIX.

Jardines del Palacio de Charlottenberg (2001).

Jardines de Charlottenberg (2001).


El Museo Egipcio

Al salir del palacio, cruzando la avenida, nos encontramos en 1997 con el museo Egipcio (posteriormente trasladado al Neues Museum de la Isla de los Museos),  que contiene objetos representativos de 3000 años de cultura egipcia.

Recientemente adquirida, se puede admirar la gran puerta de Kalabsha, de 20 años antes de Cristo, que fue retirada al construirse la Represa de Asuán entre los años 1960 – 69. Un bajorrelieve de la puerta  muestra al emperador Augusto junto a un Faraón egipcio.

Pero la joya indiscutible de la exhibición, es la famosa cabeza de Nefertitis, encontrada casualmente en el taller del artista, que exhibe a la esposa del Rey Akenaton  como  una mujer de singular belleza, fino y largo cuello, enormes ojos obscuros, nariz pequeña y grácil, perfil perfecto y una expresión de distinguida majestad que la torna inalcanzable para el común mortal. Ya he escrito en páginas anteriores sobre esta talla única y magnífica, pero no puedo menos que reiterarme en homenaje a su real perfección.

Berlín, la ciudad interminable

También el estadio Olímpico y un puñado de importante museos, como  el de historia alemana, el de tecnología y muchos otros, valdrían su descripción pormenorizada, aunque agotaría al más entusiasta lector. Berlín es de esas ciudades interminables donde siempre se descubre algo nuevo y valioso y donde al conocedor le parece insoportable no  recomendar la visita  a tal o cual lugar.

Lo que no dejaría de lado, por ser  muy agradable e instructivo, es el paseo acuático por los canales del río Spree, saliendo detrás de la isla de los Museos, a la altura del hotel Radisson. Este breve crucero, recorre buena parte del centro de Berlín, enfrentando al Bode y a la gran Catedral; pasa por  oficinas gubernamentales, el Parlamento y distintos hoteles. En un día de sol la travesía es hermosa y constituirá, a no dudarlo, un magnífico recuerdo.

Además, la ciudad atrae por sí misma, por su vida vibrante y alegre; por su oferta cultural, comercial o hedonista, por su respeto a la naturaleza, por su cortesía. Aún descarnada de su historia atroz y brillante, sin sus tremendos claros- obscuros, Berlín es una estrella rutilante dentro de la constelación de las grandes capitales europeas. Cuando el gigantesco esfuerzo de reunificación finalice, cuando la tierra arrasada de lugar a los lagos, parques y elegantes edificios proyectados, será esta la ciudad más joven del Viejo Continente y la mejor preparada para los desafíos futuros. ¡Habrá que visitarla nuevamente!

Hemos cumplido con este deseo y al fin de estas páginas acumulamos 5 visitas en total a la capital de Alemania en el 1997,  2000, 2001, 2004 y 2012, y en cada ocasión se nos ha mostrado renovada, distinguida e imponente. Creo que el verano es la mejor época para disfrutarla pues la lluvia, viento y frío son los únicos aspectos negativos que he podido encontrarle a esta insuperable capital del norte de Europa.

 

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