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¿Cómo será el final de la pandemia?

Por Osvaldo Teglia

Si bien la ciencia continúa investigando y tratando de predecir el futuro del SARS-CoV-2, hasta ahora no le ha sido posible anticipar su próxima jugada y presagiar cuánto perdurará la pandemia. La reciente emergencia de ómicron muestra que los cambios evolutivos continúan y deja la incertidumbre de qué nuevas variantes podrían seguir sucediéndose.


En terreno fértil, con cada variante elSARS-CoV-2 puede ir agregando mayor transmisibilidad y posibilidades de eludir anticuerpos producidos por vacunas y versiones anteriores de coronavirus. Si bien con la vacunación masiva se han evitado muchísimas muertes y aquellos países con alta cobertura de vacunas han tenido un notorio avance al poder desacoplar las infecciones de las muertes; cuantas más personas infectadas haya, mayores probabilidades de que surja una versión viral más compleja.

Quedó demostrado que ómicron se originó en lugares en donde la inmunidad al virus era muy baja: un exiguo 7% de vacunación en África indudablemente propició su emergencia. Gracias a ello, ha cruzado numerosas fronteras, extendiéndose a más de 100 países y ocasionando aumentos explosivos de Covid-19 en algunos de ellos, en principio, con tasas bajas de ocupación de camas de cuidados intensivos.


En la Argentina, los casos a expensas de esta variante están incrementándose. Su nivel de infectividad remeda el frenesí de contagiosidad del coronavirus en los primeros días de la pandemia, exhibiendo un gran potencial para propagarse, estimado de tres a seis veces mayor que delta.


Si bien todos los virus mutan, el SARS-CoV-2 lo hace intensamente y puede diversificarse desmesuradamente, siendo ómicron el que más cambios ha agregado a su genoma. Esta variante podría afectar la eficacia de las vacunas, pero aún están pendientes conclusiones definitivas y conocer el rol protector de la inmunidad de células T en los vacunados y/o infectados previamente. No obstante, parece necesario un calendario de tres dosis contra ómicron.


A los expertos nos desvela conocer cómo será el futuro del SARS-CoV-2 y a qué infección podría parecérsele. Lo más esperanzador, pero menos probable, es que el virus siga, por ejemplo, el camino del sarampión. Este último no tiene la capacidad de evolucionar y evadirse como el coronavirus. La infección y/o la vacunación brindan protección de por vida y el virus circula en gran medida sobre la base de los nuevos nacimientos y aquellos adultos que rechazan vacunarse.


Algunos científicos especulan otra situación evolutiva también confortable y predecible para la población: como cualquier otro virus respiratorio, afirman que SARS-CoV-2 no será erradicado y se ubicará como un coronavirus más, junto a sus predecesores estacionales. Pero el Covid-19 está evolucionando mucho más rápido que estos, e incluso superando al virus de la influenza A (responsable de la pandemia H1N1 de 2009). Si pasara a evolucionar con más lentitud, se podría monitorear su genómica e ir, eventualmente, actualizando las vacunas para sucesivas revacunaciones.


Una aceleración final en la vacunación mundial podría cambiar el panorama evolutivo viral y poner a la humanidad más cerca del final de la pandemia, pero hasta ahora tropieza con dos barreras difíciles de soslayar: el acceso no equitativo a las vacunas y los sectores, no tan minoritarios, reacios a los inmunizantes. Si bien la ciencia seguirá proporcionando los medios para dar respuestas a la pandemia, ambas situaciones parecen garantizar retrocesos, signados por una propagación continua y mayores chances de mutaciones.


Profesor de la Facultad de Ciencias Biomédicas, Universidad Austral
Osvaldo Teglia

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