Bamberg: una perla en el corazón de Alemania.
por Dr. Roberto I. Tozzini
En el año 2007, saliendo de Frankfurt por una de las tantas autopistas que se dirigen al este y pasando por la deliciosa ciudad universitaria de Wurzburg, unos 150 km más adelante, nos encontramos con la población de Bamberg, motivo de esta narración. Esta pequeña ciudad, nació en el siglo X como un principado, creciendo alrededor de la Catedral y Arzobispado, en la más alta colina (Bamberg tiene 7 colinas como Roma) de las que constituyen la ciudad. El otro polo de desarrollo lo constituyo el río regnitz cruzado por numerosos puentes, desde donde se aprecian, las bellas casas de los pescadores y lanchas de turismo, alguna góndola veneciana y en unos rápidos del río embarcaciones con jóvenes que se divierte en las aguas turbulentas./p>





En el centro del caudal, se ha formado una isla artificial y sobre ella, luce una magnífica edificación, profusamente decorada en sus paredes con bellos frescos y otras pinturas de gran colorido. Es el viejo Ayuntamiento que por uno de sus costados incluye un gracioso puente y por el otro lado se extiende a tierra firme con una airosa torre con campanario y una arcada central. Por fuera de las riberas, se entrelazan las calles de la baja Bamberg, donde se aprecian algunas casas señoriales.





Una visita obligada es la Catedral, visible con sus dos torres desde cualquier punto de la ciudad. Subimos con el auto la colina y luego apreciamos la gran estructura, con sus dos torres. La que mira al este, es la más antigua y se eleva sobre una terraza con elegante balaustrada, con su estilo gótico tardío; la que da al oeste, también es gótica. Entramos al interior por la puerta principal que se abre en la plaza del duomo (puerta de los príncipes) y admiramos algunas obras maestras; la más conocida es la escultura en mármol del “Caballero de Bamberg” estatua ecuestre de un noble local. También En el centro de la nave principal, se levanta una tumba muy ornamentada que contiene los restos de Enrique II, “el santo”.




Terminado el recorrido por la iglesia y regresados a la plaza, encontramos una imponente construcción, “La Residenz”, sede del arzobispado y desde donde se tiene una bella vista de la ciudad.


Finalmente, comenzando el atardecer, nos dirigimos al Hotel que habíamos reservado en las afueras de la ciudad. Era un gran hotel, famoso por la riqueza y abundancia de sus platos culinarios y con un magnífico desayuno que atraía turismo de dentro y fuera de al ciudad. Además muy cómodo y tranquilo con buenas vistas a una iglesia cercana y a lo lejos, las torres infaltables de la catedral así como los techos de la Residenz.



