Artículo de la dra Gloria Pizutto sobre el rol de la mujer en la sociedad y en la profesion medica
Estos roles son cumplidos diariamente por cada una de nosotras casi en forma automática, a veces sin reparar en el desafío que implica la integración de los mismos en ese ser tan especial llamado mujer.Somos conscientes de nuestras responsabilidades, entablando la lucha diaria¬mente para equilibrar las tres facetas y así obtener el mejor resultado. A veces logramos el equilibrio ansiado y otras cometemos errores tal vez descuidando algunas de ellas. Pero siempre estando alerta para que no ocurra, tratando de mantener un movimiento constante capaz de resolver de la mejor manera posible cualquier inconveniente que pueda surgir.
Mujeres!, eternas luchadores como gladiadores romanos, dispuestos a prote¬ger los seres amados, capaces de enfrentar todo aquello que pudiere destruir lo que con tanto esfuerzo lograron.
Ser madres es nuestro rol esencial en la vida y nadie puede enseñarnos porque es propio, innato a nuestra existencia. Depende fundamentalmente de lo vivido por cada una de nosotras en nuestra historia familiar y será el pilar dónde asentará nuestra futura familia luego de elegir la pareja parental.
Todo esto determinará la estructura primordial y será el "espejo" dónde se reflejará nuestra prole.
Esta tarea es la más difícil, la más desafiante, porque somos las responsables directas de la arquitectura de la personalidad de nuestros hijos. Nosotras, nuestro "bagaje" familiar, nuestra relación de pareja es la influencia central.
Cuando niñas, jugamos a ser mamá, preparándonos para la experiencia futura; en la adolescencia, crecemos, nos enamoramos, amamos, proyectando la elección de pareja; ya maduras muchas de nosotras elegimos una profesión ) emprendemos la difícil pero hermosa misión de ser mujeres, madres y médicas.
Recuerdo el comentario de una colega amiga: "Volvía de una guardia a mi casa y me encontré con mi hijito enfermo y febril. Sonó el teléfono y me avisaron que tenía que ir urgente a asistir la cirugía de un niño con ruptura de bazo. Tomé mi maletín y le expliqué a mi hijo que debía irme pues había un niño como él, enfermo pero más grave y podía morir. Mirándome a los ojos y entendiendo lo crucial de la situación me contestó: está bien mami, pero yo también estoy enfermito. Qué difícil fue para mí, en ese momento y a pesar de ser sólo una angina lo que tenía mi hijo, desdoblar la faz de mamá para preponderar otra misión, la médica."
Cuántas de nosotras pasamos tal vez por estas experiencias?
Mujeres! Crecen, maduran, aman, protegen, alimentan, sirven, toleran, escuchan, aconsejan, lloran, sufren, todo sin esperar nada a cambio y al final de la vida observan lo realizado al haber dado todo con maravilloso amor.
Dra. Gloria Pizutto
